Trampas, tretas y urnas: la plantilla eligió SLT

En las elecciones sindicales de AURO NEW TRANSPORT CONCEPT, S.L., la plantilla habló claro: eligió a SLT.

Y eso, por lo visto, no entraba en los planes de algunos.

Porque esta historia no va solo de una victoria electoral. Va de lo que ocurre cuando una organización acostumbrada a moverse entre siglas grandes, inercias viejas y supuestas mayorías descubre que los trabajadores ya no tragan con cualquier cosa.

Cuando la plantilla decide otra opción, hay dos caminos: aceptar el resultado o empezar con el repertorio de siempre. Y aquí vimos el repertorio completo: candidaturas que no cuadran, nombres duplicados, renuncias, dudas, acusaciones, ruido y, cuando ya no queda más, impugnación.

Candidaturas que empiezan torcidas

Durante el proceso aparecieron situaciones que no son precisamente menores: trabajadores en más de una candidatura, personas que después renuncian y dudas sobre cómo algunos nombres acabaron donde acabaron.

Y aquí conviene decirlo claro: una candidatura sindical no es una lista de la compra. No se rellena con nombres para ver si cuela. No se construye a base de prisas, confusión o explicaciones a medias.

Una candidatura debe estar formada por trabajadores que saben perfectamente qué firman, dónde se presentan y a quién están apoyando.

Parece básico. Pero visto lo ocurrido, quizá no lo era para todos.

Diez renuncias no son un despiste

El dato habla solo: diez candidatos de la lista de UGT presentaron su renuncia.

Diez.

No uno. No dos. Diez.

A partir de ahí, intentar vender que aquí no pasaba nada resulta bastante complicado. Porque cuando diez personas salen de una candidatura, el problema no está en quien revisa. El problema está en cómo se montó esa candidatura.

Y la pregunta es inevitable: ¿sabían todos realmente dónde estaban metidos?

Durante el procedimiento se puso sobre la mesa que algunos trabajadores habrían sido confundidos, creyendo que facilitaban datos para trámites relacionados con carnets VTC. También se recogió el testimonio de un trabajador que afirmó que la firma que aparecía a su nombre no era suya y que nadie le habló de candidaturas.

Pero claro, el escándalo no era ese. El escándalo, según algunos, era que la mesa electoral se atreviera a comprobar.

Qué atrevimiento: revisar papeles en un proceso electoral.

La mesa no tapó el problema: lo destapó

La mesa electoral detectó candidatos repetidos y actuó. Hizo lo que tenía que hacer: comprobar, preguntar y aclarar la voluntad real de los trabajadores afectados.

Eso no es una irregularidad. Eso es cumplir con su función.

Lo irregular habría sido mirar hacia otro lado. Lo cómodo habría sido aceptar las listas sin tocar nada. Lo sospechoso habría sido dejar pasar duplicidades y renuncias como si fueran simples detalles administrativos.

Pero la mesa revisó.

Y al revisar, algunas cosas empezaron a chirriar.

Cuando fallan las tretas, llegan las excusas

Después de las duplicidades, las renuncias y las candidaturas cuestionadas, tocaba cambiar el foco.

Ya no interesaba hablar de cómo se habían formado determinadas listas.
Ya no interesaba hablar de los trabajadores que renunciaban.
Ya no interesaba hablar de nombres repetidos ni de firmas discutidas.

De repente, el problema era la mesa.

La jugada era evidente: si la candidatura hace aguas, se acusa al que señala la vía de agua. Si los trabajadores no acompañan, se convierte la derrota en supuesta irregularidad. Si no se gana en las urnas, se intenta ganar en los papeles.

Pero tampoco salió.

El laudo fue claro

El árbitro no compró el relato.

El laudo confirmó que la mesa podía revisar candidaturas, requerir subsanaciones y pedir ratificación a los candidatos. No actuó indebidamente. No vulneró garantías. No rompió el procedimiento.

La impugnación fue desestimada.

Y ahí se acabó la película.

Porque una cosa es hacer ruido y otra muy distinta tener razón.

SLT ganó donde había que ganar

SLT ganó en las urnas. Y ganó porque los trabajadores confiaron en una alternativa sindical cercana, libre y pegada al sector.

No ganó por una maniobra.
No ganó por colocar nombres donde no tocaba.
No ganó por confundir a nadie.
No ganó por retorcer el procedimiento.

Ganó porque la plantilla decidió.

Y esa confianza no se improvisa en un despacho ni se fabrica con papeles de última hora. Se gana estando, escuchando, defendiendo y dando la cara cuando toca.

Menos artimañas y más respeto

Esta historia deja una conclusión muy sencilla: cuando los trabajadores deciden, se respeta.

No se manipula su voluntad.
No se retuercen las candidaturas.
No se usan nombres como si fueran piezas de una estrategia.
No se monta ruido cuando el resultado no gusta.

En AURO NEW TRANSPORT CONCEPT, S.L., la plantilla eligió a SLT. La mesa actuó correctamente. Las maniobras quedaron retratadas. Y la impugnación fue desestimada.

Lo demás son excusas.

Frente a las tretas, urnas.
Frente a las maniobras, trabajadores.
Frente al ruido, SLT.

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